• Caterina de Algodón

Foster Failure = Archie

Actualizado: 2 de abr de 2020

“For those not in the know, a "foster fail" is what happens when a dog or cat who was only supposed to be a temporary foster is so lovable that his humans just can't say goodbye, and he winds up becoming part of the family.

So basically it's like the best kind of fail.”


-Anna Swarts for The dodo


Gracias a una extrema fuerza de voluntad (verdaderamente extrema), solo hemos tenido un #fosterfailure en la familia.


Un buen día me pidieron ayuda para ser casa puente de una mamá gata con 5 gatitos. Me advirtieron que el caso era especial puesto que a uno de los bebés no le servían las patitas traseras y se arrastraba.


Los encontraron en una escuela y los niños estaban preocupados por su bienestar. El maestro de educación física fue quien buscó ayuda en Adoptando un amigo para los peludos y así es como llegaron a mi casa.


Cleo y Pancho tuvieron un par de años para disfrutar la buena vida, ahora llegó el momento de chambear.


Como linda princesa que es, Cleo simplemente decidió huir y vivir encerrada en un clóset hasta nuevo aviso. Panchito, el gato más social que he conocido, decidió que estaba increíble ir a jugar con los gatitos. Pero para su mala suerte Mamá Luna estaba muy concentrada en su papel y por ningún motivo permitió que se acercaran a sus bebés.


Por naturaleza, muchas veces las mamás peludas rechazan a los cachorros si les encuentran alguna anormalidad. En este caso, Mamá Luna trataba a todos sus bebés por igual (bravo Mama!) y el gatito patuleco hacía su vida normal sin darse cuenta de que sus patitas traseras no funcionaban, rompía el corazón de verdad.



Archie y su familia en mi casa.
Mamá Luna, Archie y sus hermanas.


Después de empezar protocolo para adopción responsable para toda la familia gatuna, se llevó al gatito patuleco a establecer un diagnóstico con el especialista.


Patela (rótula) desviada, rodillas mal formadas y talones al revés. Las patitas no tenían ton ni son y era necesario operarlas para que pudiera tener una vida más o menos normal. Todo se debía a una malformación genética heredada.


El gatito patuleco era una bolita de 400 gramos con 4 semanas de vida cuando llegó a mi casa y el doctor necesitaba que creciera un mes más para poder proceder con la cirugía ya que ni por peso ni por edad, la soportaría.


Esas 4 semanas intermedias entre la llegada y la cirugía, Archie necesitaba un tratamiento especial. Inmovilizar las patitas de atrás con unos palitos de paleta vendados (tipo férula) con un acomodo especial que ayudar a las patitas a mantenerse en la dirección correcta.


Esto implicaba que la movilidad para el gatito tenía que estar limitada, controlada y vigilada en una transportadora 24/7. Así que durante un mes, el gatito bebé supo lo que era un trabajo godín de oficina y las filas interminables de coches en hora pico sobre Av. López Mateos.


De la oficina visitábamos al vet TODOS-LOS-MALDITOS-DÍAS para que le realizaran el cambio de su vendaje y le acomodaran su ferulita ya que se desacomodaba o se mojaba cuando iba al baño. Cuando por fin llegábamos a descansar en casa, había que dormir con la transportadora a un lado de la cama porque a media noche me despertaban unos arañazos en la puerta de la caja. El gatito tenía que hacer pipí, a las 3 de la mañana sin falta, y pues tenía que llevarlo al arenero y ayudarlo para tratar de que no se mojara el vendaje.



Archie con 6 semanas de vida y sus vendajes pre-cirugía.
Archie con 6 semanitas de vida


Así que después de 4 semanas de sueño interrumpido y desvelos diarios, llegó el día de la cirugía. El doctor decidió operar primero una patita y la siguiente semana otra patita para ver como respondía el Gatito Bebé.


Como un diminuto guerrerito, Archie trataba de hacer todo por sí mismo a pesar de tener un fijador con clavos en cada pierna deteniendo sus huesitos para que se mantuvieran en el lugar correcto. Y así pasaron otras 4 semanas, con visitas cada tercer día con el doctor para ver el progreso.



Archie, despertando de su primer cirugía.
Archie, el gatito patuleco.

Al retirar los clavos, las patitas de Archie funcionaban casi a la perfección!!! Ahora podía hacer toda su vida casi normal, sin arrastrarse y lastimarse. Tal vez no puede brincar como cualquier gato, pero trata de escalar o hacerte saber a donde quiere llegar para que lo ayudes.


Después de tanto trabajo, nadie nunca lo iba a cuidar como nosotros. Así que se quedó para siempre, y fue la mejor decisión.





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